La tarde tuvo contrastes muy marcados, no sólo en el desconcertante clima que se vivió durante toda la corrida, sino también en el ruedo, con lo que hicieron o dejaron de hacer los toreros. Y si el chispazo de luz lo puso Matías Tejela, con un toreo expresivo y artístico, El Payo vivió una tarde negra y transitó por la plaza de Madrid como autómata, perdido en el espacio.
En medio del triunfo y el fracaso que fue bien representado por estos dos espadas, Juan Bautista pasó inadvertido, que a veces es peor eso a que no se hable nada de un torero, como ocurrió al final del festejo con el francés del que estuvo correcto y frío.
Los comentarios positivos los acaparó entonces Matías Tejela, que gustó mucho porque asumió su segunda comparecencia en Las Ventas con una gran mentalización, mientras que El Payo se concretó a salir del paso de cualquier manera. Dos historias complementarias; el reverso de la moneda.
Y desde luego que la pena ajena se percibía a la salida del tendido, en el patio del desolladero, como dicen por aquí a este espacio tan taurino donde los aficionados mexicanos largaron tela del paisano. Pero no lo hicieron con sorna, sino más bien con la pena ajena de ver que, después de la entonadísima actuación de ayer de Arturo Saldívar, el prestigio taurino de México se derrumbó irremediablemente 24 horas más tarde. ¡Pum!, petardo.
¿Acaso Octavio no había retomado el triunfo en Aguascalientes, donde se le vio concentrado y recio? Vuelven las dudas en torno a su futuro inmediato, y quizá sólo él, y nadie más que él, sabe bien que penas, dudas y miedos atenazan su mente y su corazón.
Porque, ciertamente, a Madrid no se puede venir como lo ha hecho Octavio: ayuno de entrega, carente de actitud. Y aquella desmotivación abierta y descarada, se estrelló con un lote sin posibilidades, compuesto por un primer toro que hacía hilo en la muleta y venía rebrincado, y otro, el sexto, un imponente sardo que sacó guasa en la muleta.
Pero El Payo no lo vio claro nunca, y parecía derrotado antes del combate, tan cabizbajo y meditabundo, que ni siquiera se le ocurrió hacer un quite al excelente segundo toro, el único realmente bueno del encierro de Torrestrella.
Fue en ese toro donde surgió la inspiración de Matías Tejela, que estuvo lúcido y torero a lo largo del festejo. Las verónicas de recibo, el quite por gaoneras y la faena en sí misma, reverdecieron la ilusión de los aficionados, pues todo lo que hizo estuvo preñado de aroma y sentimiento, esencia viva del arte del toreo.
Lástima que el toro no duró lo suficiente, ya que la faena del torero de Alcalá de Henares pintaba para puerta grande, y aunque mató por arriba no le concedieron la oreja que pidió la gente con fuerza. ¿Qué hay que hacer entonces para conseguir un apéndice en esta plaza?
La vuelta al ruedo fue de clamor, así como la fehaciente demostración de que el premio más democrático de cuantos existen es éste, reconocimiento unánime del público a un torero que hoy expuso sus mejores argumentos en una plaza donde ha conseguido, hasta cuatro veces en su carrera, abrir la codiciada puerta grande.
La tarde nos dejó una lectura preocupante con respecto de El Payo, así como el anhelo de que Zotoluco enderece el rumbo de la nave mexicana en este San Isidro, que viaja cargada de compromisos y presiones. Esperemos que la veleta cambie de dirección y señale otra vez el norte. Todo por el bien moral de la afición azteca, que sigue soñando en que vendrán tiempos mejores.
Resumen en video del festejo de hoy (Canalplus.es)