...Cuando el toro es bravo presenta rasgos ofensivos, no defensivos...
Interesante polémica se armó con respecto al toro bravo en días pasados y no hemos querido dejar pasar la oportunidad de ofrecer nuestro muy personal punto de vista sobre este tema, de acuerdo con el aprendizaje y estudio que hemos podido tener a lo largo de estos años en los medios de comunicación.
El sábado pasado, rumbo a Texcoco, compartíamos estos puntos de vista con el matador Antonio Vega y en términos generales coincidíamos, por lo que en este espacio recapitulo algunas de las ideas que han venido a la cabeza y que hace algún tiempo plasmábamos en una de estas columnas.
Naturalmente que la bravura en el toro viene antecedida por la casta e incluye algunos otros elementos, como el fondo de nobleza o la fijeza y el recorrido. En ocasiones, sin embargo, se tiende a confundir. Una cosa es el comportamiento ofensivo (propio del toro encastado y bravo) y otro, muy diferente, el defensivo. El toro que se defiende es violento, tira derrotes o acude arrollando, y lo hace para quitarse el palo o quitarse de encima capotes y muletas.
Es cierto, esto se ve espectacular, pero no es bravura sino todo lo contrario. No todos los toros que no quieren pelea salen huyendo despavoridos; en la mansedumbre también hay grados o matices, así como diferentes formas de expresarla.
El genio, que podría definirlo en una apreciación particular como el descastamiento con peligro o con cierta transmisión (si cabe esta heterodoxa expresión), no debe confundirse con bravura, aunque quizá la línea que las separa a veces es muy delgada, precisamente por que transmite hacia los tendidos. "El genio es la hierba mala de una ganadería", le escuché decir en alguna ocasión a don Adolfo Lugo Verduzco, ganadero de Huichapan.
Este tipo de toros no quieren plantar cara, sino se defienden y buscan constantemente los posibles huecos. Y como no son del todo fijos a los toques, pueden terminar arrollando "el bulto". Es aquí donde las muletas poderosas se imponen para solventar la papeleta.
Toros de este tipo suelen rascar la arena de continuo, algo que también hemos escuchado puede percibirse como de toro bravo, cuando no necesariamente es así. En realidad puede ser todo lo contrario, sobre todo cuando el toro va reculando, pues el ejemplar que rasca la arena suele hacerlo, si pudiéramos traducirlo de alguna manera, como para "espantar al torero y que éste se tape, y así no tener que pelear"; es una reacción defensiva ante un intruso (como un día me comentó un veterinario) o bien puede interpretarse como que el toro "se la piensa mucho" para acudir.
Cuando el toro es bravo presenta rasgos ofensivos, no defensivos. En primer lugar destaca la fijeza, que no es otra cosa que estar atento a los objetos que le citan, y en segundo la obediencia a los toques, acudir con prontitud y boyantía a los movimientos, sin perder tiempo rascando la arena y reculando. En el caballo, el toro bravo no cabecea, sino que mete la cara abajo y pelea con los riñones, empujando y creciéndose al castigo… sin intentar quitarse la vara.
La bravura es exigente, dado que el toro embiste donde es citado, de tal forma que si el torero no se queda quieto, o comete errores técnicos en el manejo de los engaños… puede salir volando, o bien no terminar por aprovechar al toro o incluso “echarlo a perder” si no se le torea adecuadamente.
Cabe señalar que no es fácil estar a tono ante un toro así, que acomete con alegría, humillando y repitiendo, momentos en los que juega un papel básico la colocación entre pase y pase, además del pulso para poder templar.
Cuando el toro tiene verdadera bravura y en circunstancias correctas de un fondo bueno, suele tener duración y embestir en repetidas ocasiones, y como sucede en el toro mexicano, ir a más y ofrecer faenas de más de 60 muletazos. Naturalmente que el toro bravo tras la lidia y ya hacia el final de ésta, puede tender a desarrollar sentido. El problema del toro al defenderse es que llega a orientarse desde los primeros compases.
Siempre ha sido la bravura el eje fundamental de la Fiesta. Y es importante, dentro de los diferentes matices de una espectáculo tan subjetivo, analizar las características que definen al toro de lidia, sin duda el más bello de los animales y el que muere con una mayor dignidad.