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Liber Taurus: San Fermín, una fiesta universal

Viernes, 12 Jul 2013    Quito, Ecuador    Santiago Aguilar | Opinión   
La columna de este viernes

Pocas, muy pocas manifestaciones culturales y populares saben capturar la atención de todo el orbe de la forma que lo hacen los tradicionales "sanfermines" que como todos los años se celebran hacia estas fechas en la ciudad de Pamplona.

Pintoresca urbe que recibe a una marea humana que desborda toda previsión de la industria turística local, es que las fiestas cuyo día mayor es el 7 de julio, fecha conmemorativa de San Fermín, alcanzaron fama mundial desde que Ernest Hemingway asistiera por primera ocasión en 1922. La intensa y emocionante carrera de los mozos frente a los pitones de los toros y el posterior desarrollo de la corrida, terminaron por hechizar el escritor de Illinois, hasta convertirlo en el principal difusor.

Especialistas en definir la personalidad de Hemingway hablan de su afición a la caza, la pesca, el campo, la vida al aire libre, en suma de un espíritu aventurero que le llevó a recorrer el mundo por él entendido como la universidad de la vida en la que se debía caminar con una filosofía vitalista sin límite ni frontera.

Exhibicionista, bebedor, notable conversador y con una asombrosa capacidad para mimetizarse en todos los lugares y ambientes sociales, en especial en España de las primeras décadas del siglo pasado en la que las costumbres, la tradición, la cultura y la generosa hospitalidad de su gente, terminaron por volcarle a rendir culto con su notable pluma a las funciones taurinas, pues según dijo, le tocaron el alma al punto que su pasión taurina sería una constante a lo largo de su vida expresadas en novelas como Fiesta y el Verano Sangriento.

El tema del juego de la vida muerte, como esencia de las corridas, caló de tal forma a Hemingway que supero el vínculo formal del cronista hasta establecer esa profunda y extraña emoción propia, muy propia de los aficionados a los toros, traducida en su frecuente presencia en los graderíos y su amistad con los toreros en especial con el gran Antonio Ordóñez. 

Analistas de su obra refieren así lo que comportó en aquellos años la publicación de “Fiesta” editada en 1927: 

"La tauromaquia estuvo presente en sus obras. Así, en `Fiesta´, su primera novela larga. Tal vez la más cuidada de ellas y, para parte de la crítica, la mejor de todas sus obras. Encarnado en uno de los protagonistas, Robert Cohn, Hemingway es el eje central de una historia donde juegan un papel también protagonista las fiestas de San Fermín y un matador de toros, en la ficción, Pedro Romero, inspirado directamente en la figura de Cayetano Ordóñez Niño de la Palma. Es una novela donde España parece un país exótico. Por eso, más de ochenta años después de escrita, se lo sigue pareciendo a sus nuevos lectores. Un misterio literario. Sin toros, o sin Pamplona, nada habría sido igual".

El caso es que el inmenso escritor premio Nobel de Literatura en 1954, pese a su origen norteamericano, supo permear una de las manifestaciones culturales más hermosas y desgarradoras de la España profunda, usar su incontestable pluma para convertirlas en universales desde la narración cuidadosa y emocionante.

Lo cierto es que los Sanfermines cuyos orígenes se remontan al siglo XIV con una naturaleza comercial y taurina, viven con la fuerza con la que palpita el corazón de un mozo al correr por su vida, cuesta abajo por la famosa calle de la Estafeta luego del estallido del chupinazo y de la imponente presencia del encierro.


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